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Comunicar

Es curioso cómo en la actualidad, setenta años después de los primeros computadores, los sistemas descendientes de dichos dinosaurios electrónicos, millones de dispositivos informáticos conectados a Internet nos siguen asombrando con cada nueva generación de aparatos portátiles, tabletas, teléfonos y relojes digitales…) a la vez que nos sigue asustando la capacidad de control que su uso puede llegar a otorgar.

Las telecomunicaciones, la radio y la televisión, que precedieron y contribuyeron a los inicios de la primera computación, ya funcionan totalmente digitalizadas mediante sistemas informáticos. Lejos han quedado en nuestra memoria más tierna los teléfonos analógicos tradicionales (VII-1) o las centralitas telefónicas operadas por baterías de señoritas teleoperadoras (VII-4), todo ello superado por sistemas digitalizados. También las empresas han evolucionado los sistemas de seguridad para sus transacciones, digitalizando progresivamente lo que en su día fueron sistemas rudimentarios de protección mercantil (VII-2). Más cerca en el tiempo hemos guardado nuestras cámaras de fotografiar y filmar con película de revelado (VII-3), a favor de sus descendientes digitales. Igual que nuestros aparatos analógicos de reproducción musical, o de copiado e impresión de información (VII-5).

En muy poco tiempo, todas esas tecnologías analógicas han sido digitalizadas, miniaturizadas e integradas, en otras palabras han sido convertidas en sistemas informatizados individuales (teléfonos, televisores, relojes, ordenadores…) que funcionan conectados y sincronizados mediante otros grandes sistemas informatizados invisibles (servidores, granjas de servidores, la nube, supercomputadores…). Todo ello funcionando y comunicándose a velocidades casi infinitas…
Lo paradójico, y a la vez romántico, es que todos estos sistemas informáticos interconectados, funcionando a la velocidad de la luz, en el fondo de sus tripas, en sus procesadores y memorias más íntimas, siguen traduciendo todos los datos que manejan a largas ristras de ceros y unos, listas que finalmente someten a una infinidad de… sumas binarias.

Visto así, más allá de velocidades e interfases, de tamaños y formas, quizás la informática actual no dista tanto de la primera computación de hace setenta años, ni de los primeros inventos y conceptos relacionados con el cálculo mecánico, al menos en esencia y en el fondo.

Álbum de Fotografías

1.jpgVII-1-1 / El teléfono analógico


2.jpgVII-2-1 / Protectograph

 

3.jpgVII-3-1 / Cámara de fuelle Kodak

 

4.jpgVII-3-2 / Filmadora mecánica Brownie

 

5.jpgVII-4-1 / Centralita telefónica

 

6.jpgVII-4-1 / Centralita telefónica